Para Loreto Díaz,
desde un
lejano país de sol.
Éramos el fiel reflejo de nuestras madres
había un repudio
había una especie de masoquismo que nos mantenía unidos a ellas,
aunque no voy a negarlo, también había mucho amor, amor del bueno,
amor del puro,
un amor que pocas veces se puede encontrar,
fue difícil conseguir la independencia que añorábamos desde jóvenes,
pero lo logramos
le quebramos la espalda al destino.
Desde ahí en adelante la historia fue otra,
nuevas hazañas,
construimos grandes cosas que para la época, no estaban nada de mal,
cada cual por su parte.
Tuvimos familia, hijos.
Nuevas failias, nuevos hijos.
Divorcios
deudas
y todo se volvió más complicado, como antes.
Creímos comprar el bienestar
olvidar el pasado,
prosperar
y sonreírle al mal tiempo en la cara,
pero arrastrábamos cosas de antes,
cosas de la cual no nos quisimos desprender.
Guardárlas en un lugar que nadie las encontrara.
Siempre es difícil olvidar, así, tan fácil
siempre los fantasmas vuelven
como en la peor pesadilla.
Los años pasaron en vano
nuestra independencia se fue a la mierda
y nuestra amistad sepultada
entre tanta llamada telefónica
carta no contestada
direcciones equivocadas
fechas inconclusas
amores que rompieron pequeñas cápsulas de oxígeno en nuestras vidas.
Ahora sólo queda un somero recuerdo que se extingue en la noche
la imagen de una vitalidad derrumbada.
Ahora
nos miramos
cada cual en su espejo
y vemos los despojos
de lo que una vez quisimos ser.
No recuerdo muy bien tu nombre
creo que era ingratitud
y el mio soledad...
Anexo
Sé queen el fondo
hay algo que nos mantiene quietos,
expectantes a lo que ocurre
una amistad inquiebrantable
un no recuerdo muy bien lo que pasaba,
pero ambos estábamos ahí para contarlo,
en la hora precisa
en el momento preciso.
sólo que no recordábamos,
el cuándo
ni el dónde...
el hasta siempre
y el te quiero.
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