finalmente pasa un tiempo y en ese tiempo sientes que has hecho mucho o poco. no sabes nada con certeza.
Lo que si sé, por mis propias conclusiones,es que al final del día te vas quedando solo y llega la noche un tanto mustia y pajera y te envuelve con su espesor de niña cobijo. A la mierda. A mi que no me vengan con compasiones de ese tipo que lo único que quiero es soñar, con lo que sea, pero soñar.
Y me paseo un tanto pa dentro. Un sonámbulo despierto, pensando en cosas que no recuerdo, que se borran al instante. y otras veces estoy fuera de mi. desdoblándome, queriendo ser lo que no soy.
¿Qué te pasa? me preguntan. Yo no sé si reir o llorar. Más bien, creo que aveces es miedo, aunque en mi cara se esboce una sonrisa un tanto congelada y estúpida.
Llega el final del día y estás cansado.
Llega el final del día y estás solo.
Te vi sola en el casino, maestra. Y me bajo el resentimiento, el remordimiento. La revolución de un estado a otro como le llaman. Quizás vos, maestra, en tu sitio estás bien. Pero que queda para uno. ¿Treinta años más? Mejor pa eso tomo la soga y me cuelgo en el primer árbol de la alameda. Dicen que duele y que te cagas cuendo te cuelgas. Pero qué mierda más va a salir, sino la que todos ven, olfatean y esconden con un poco de papel confort y desodorante ambiental.
Todos alguna ves nos cansamos de ser quienes somos. Ya dije eso, pero que importa.
Cambiémonos la ropa mejor y juguemos un rato. Mira que acá el voyerismo da pa rato.
Y al final del día siempre el juego termina y te quedas solo. Con los ojos vidriosos. Pensando en el amor que está lejos y también está solo. Y ambos se piensan. Y uno se imagina al otro en la soledad de su mente que no es más que amor.
Suena cursi , pero puede serlo. Porqué no.
Y ahora cincuenta computadores me rodean en una sala vacia. Escucho un ruido de maquinas. Miles de ventiladores. Son los computadores. Me hablan y lo único que me dicen es que al final del día. cuando ya va a entrar la noche y llega la hora de once, uno está solo.
Una maquina, unas sillas y gente que se aleja. Y tú al otro lado del televisor.
Escuché por ahí que después de muerto te conviertes en un hol0grama.
Pero nadie te puede tocar y no sientes nada. Y estás solo en la oscuridad de la noche, con las lunas y soles que calientan los bichos que no veo y caminan por mi espalda....
Y ahora qué queda sino sentirte cerca. y que me invada la pena de creer sentir que estás cerca.
Ahora yo me marcho y te pienso. Te pienso y me da pena y alegria porque no quiero que cuando llegué la noche me ponga a pensar que estás solo. Y que todos al final del día estamos solos.
Federico Arsénico Pinespina*
Alías: Eduardo Vega Pino Arsénico Pinespina
1 comentario:
estamos solos, pero antes que solos estamos hartos de la basura sonora, de ese chirrido propio de cabezas robóticas posmodernas que nos persigue día y noche, más noche que día, aunque más día que noche.
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